1982- 2000…2011

esta entrada la escribi hace semanas... pero no podía subirla

18 años.
3 de noviembre de 1982,
primera visita a España del papa Juan pablo II, primer encuentro con los jóvenes españoles.

Ese día, esa visita cambió totalmente mi vida.

Fui a ese encuentro sin ser religiosa… en realidad en ese momento con18 años, me debatía entre creer o no creer, sin embargo, la hermana Inés, me “vendió” el viaje de tal manera que fui simplemente porque a ella le hacía ilusión.
Ese día, en ese autobús, como un guiño del destino conocí al que luego sería el padre de mis hijas y mi marido.

22 de octubre del 2000,
pronuncio por primera vez la frase que llevaba tiempo repitiendo en mi cabeza “o lo solucionamos y dejamos de discutir o nos separamos, pero yo no estoy dispuesta a seguir así”.

17 de noviembre del 2000. Me rindo a la evidencia y decido como me dijo alguien “de forma unilateral e irrevocable” que yo me apeo del barco, que quiero seguir caminando sola.

13 de mayo del 2011, vuelvo a orense a firmar el último papel, a cortar el último vínculo que me queda con él…. A divorciarme.

Llego de madrugada, de noche, él me va a recoger a la estación…. Hace años ya que ni siquiera nos damos los dos besos de rigor esos que nos damos con cualquier conocido que hace tiempo que no vemos… nos saludamos con la educada frialdad.

El sabe que yo voy repateada, que no necesito el divorcio para nada, que la separación para mí es suficiente, sin embargo, cedo una vez más y soy yo la que se desplaza para firmar el último papel y que él pueda rehacer su vida… o como pensamos todos, deshacer su vida.

El viaje se me hace eterno, primero cuatro horas a Madrid, dos horas tirada en la estación para luego coger otro autobús a orense, otras seis horas…. Y el viaje no habrá acabado para mí.

Subo a su casa, para descansar, no quería pero mi hija me pidió que subiese y viese su habitación en la casa de su padre….
Aprovecho para hacer fotos a dos cuadros de punto de cruz que yo le regalé cuando se suponía que éramos un matrimonio feliz y que insistí en que se llevase ya que eran regalos….
Hoy no sé si habría insistido porque esos dos cuadros me encantan y porque cada cruz y llevan miles fueron un reto al que le puse mucha ilusión y cariño….
No, no se merecen estar en su comedor.


Vuelvo a pasear por las calles de Orense y me recuerdo a mi misma mucho más joven y feliz.

Vuelven a mi cabeza miles de recuerdos.

Cuando llegue y aprovechando que por primera vez mis hijas me dejaban libre hasta casi las seis de la tarde, me dedicaba a vagar por las calles simplemente para familiarizarme con la ciudad.

Cafeterías que ya no existen y que por aquellos días me veían bajar las escaleras y desde la barra me preguntaban “lo de siempre?” “si, lo de siempre, un mas leche y un croissant”.

Me tomé un café en el café real… me hacían gracia sus mesas de mármol y las sillas típicas, muy años 30 o 40 yo que sé… pero era un lugar que me encantaba.

Pasear por vinos,
rodear la catedral un paseo por la alameda, por la plaza, por ese mercado de pueblo donde las campesinas de los pueblos de alrededor llevan para vender tomates que todavía saben a tomate porque nadie les ha metido prisa para crecer.

Si quieres comprar flores…. También están en la plaza.

La plaza mayor… la única plaza mayor inclinada, llena de críos celebrando el día de las letras gallegas.

Una tienda de aixiña,

Paseo sin hablar con nadie, sabiendo cómo es orense supongo que si le pusiese interés muchas de las caras que me cruz podría reconocerlas, pero no tengo ganas y mi neurona hace tiempo que borró casi toda la información que almacenaba de orense.

El autobús urbano…me quedo alucinada al pagar solo 78 céntimos por un viaje que en valencia me costaría 1,30.

Me acerco a por el billete, quiero irme cuanto antes….
Ya sé que el viaje que me queda no es fácil, me quedan 450 km para llegar a avilés y sin embargo no tengo autobús directo, la única opción es un autobús a Lugo, que sale a las 3 y media y llega a las 5 y media, y en Lugo esperar otro hasta las 9 menos cuarto que me dejará en avilés cerca de media noche.

Y me quedo alucinada además de indignarme cuando me dicen que no puedo pagar con tarjeta y por si fuera poco tengo que ir a la quinta puñeta a buscar un cajero porque en la estación tampoco hay cajeros…. ¿esto es una capital de provincia? ¿Se han enterado que existen las tarjetas?...

Y con todo mi cabreo con una solana de alucinar nadie en la calle y de repente me cruzo con una mujer y me suelta “mariajoseeeeeeeeeeee, cuánto tiempo sin verte” y tanto coñe si hace nueve años que no piso orense.

Ya empezamos

La hostia yo a esta mujer la conozco pero ni puta idea quien es.

Me dice que hicimos un curso de tallado de cristal juntas y poco a poco voy situándola pero que nadie me pregunte el nombre porque ni puñetera idea.

Hablamos diez minutos, tiempo suficiente para ponernos al día y darme cuenta que aunque yo no necesitase el divorcio porque ni viviendo mil años volvería a casarme, quizás si sea bueno que corte el último hilo que me unía a “mi vida anterior”.

Cuando nos despedimos le digo… no creo que volvamos a vernos porque dudo mucho que vuelva por orense en mi vida… y me siento rara al oír mis palabras.

Como con mi ex marido antes de coger el autobús, yo quería pulpo, pero me tengo que conformar con empanada… eso si gallega y de carne aunque habría estado mucho mejor de lamprea.

Ya en el autobús echo la última mirada a orense…

Si, fueron años felices pero al final me quedó un mal sabor de boca.

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